Misa del Domingo de Ramos

Domingo de Ramos – ¡Nuestro retablo!

El impresionante retablo de Manuel Ortega que preside nuestra iglesia recoge en pintura mural las escenas que se contemplan en el Domingo de Ramos: empezando por todo el piso de abajo, con la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, va ascendiendo hasta la última escena, que es el entierro de Cristo, arriba a la izquierda.

La empresa Dron3D estaba en proceso de realizar una composición en alta calidad del retablo completo tomada por dron. Por la situación actual, el trabajo se ha retrasado. No obstante colgamos aquí el boceto, que ya nos anuncia lo espectacular que resultará cuando esté acabado. Agradecemos a la empresa que nos lo haya adelantado. Han colgado también en YouTube un vídeo a vuelo de Dron del templo. Disfrútalo pulsando aquí.

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Hoy domingo, a las 12:30: ¡Jesús te bendice desde la torre!

Hoy, domingo de Ramos, acompaña a Jesús eucaristía que entra en Jerusalén. Mientras recorre la torre, bendiciéndote, repite: «¡Santo, Santo, Santo es el Señor Dios del universo! Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria! ¡Hosanna en el cielo! ¡Bendito el que viene en el nombre Señor! ¡Hosanna en el cielo!»

Todos los domingos, mientras dure el confinamiento en nuestras casas, Jesús se hará presente de un modo muy especial: bendiciéndote especialmente desde la torre.

 

Viernes de Dolores – Stabat Mater

Esta sección gasta pocos datos. Pero hay enlaces a varios videos, que sí gastan más datos.

—— Origen del Stabat Mater ——

Stabat Mater es un texto medieval del siglo XIII, utilizado en su origen para el oficio divino. Más tarde se incorporó como texto litúrgico del género secuencia, que se cantaba antes del Evangelio en torno a Semana Santa. Actualmente ha desaparecido como secuencia, pero se reza en el oficio divino el viernes anterior al Viernes Santo, que debe su nombre a esta bella composición.

Las dos secuencias probablemente más conocidas son la de Pascua (Victimae Pascali laudes) y Pentecostés (Veni Sancte Spiritus), aunque hay otras. Son textos elaborados por la tradición de la Iglesia que complementan la liturgia de la palabra añadiendo una exposición piadosa y con forma poética que ayuda a los fieles a la contemplación del misterio que se celebra y a comprenderlo así más íntimamente.

El Stabat Mater introduce al oyente en el sufrimiento de María, la madre de Jesús, que contempla la crucifixión y muerte de su hijo amado. Es el Mesías anunciado, que mediante su sacrificio voluntario da plenitud al designio redentor del Padre para salvar a la humanidad pecadora. “Junto a la cruz de Jesús estaba su madre” (Jn 19, 25) y, traspasada del dolor, se convierte en corredentora. Sumergiéndose en esa contemplación, se interpela al orante a expiar los propios pecados que fueron causa de tanto dolor del Hijo  y de la Madre.

—— Texto latino y traducción——

La traducción más bella del latín nos la ofrece Lope de Vega. Reza así:

 

—— Versiones musicales ——

Hay cerca de doscientos compositores de distintas épocas, géneros, estilos y visión musical que han puesto música al Stabat Mater. Hoy ofrecemos la posibilidad de rezar con algunas de ellas que están colgadas en internet. Al ser vídeos largos, recomendamos utilizar wi-fi para evitar gastar los datos del teléfono.

Comenzando por las sobrias versiones gregorianas (una versión más extensa, pulsa aquí; la versión más breve o simplex, pulsa aquí), hasta las quizá más conocidas de Giovanni Battista Pergolesi (1736) (pulsa aquí) y Gioachino Rossini (1833) (pulsa aquí), hay que añadir otros muchos maestros: Giovanni Pierluigi da Palestrina (pulsa aquí), Josquin Desprez (pulsa aquí), Luigi Boccherini (pulsa aquí), Joseph Haydn (pulsa aquí), Alessandro Scarlatti (pulsa aquí), Domenico Scarlatti (pulsa aquí), Antonio Vivaldi (pulsa aquí), Franz Schubert, Franz Liszt (pulsa aquí), Antonín Dvořák (pulsa aquí), Giuseppe Verdi (pulsa aquí), Karol Szymanowski (pulsa aquí), Francis Poulenc (pulsa aquí), Josef Rheinberger (pulsa aquí, que fue interpretado el viernes de dolores en nuestra parroquia), Krzysztof Penderecki (pulsa aquí; este gran compositor contemporáneo falleció hace unos días), Salvador Brotons (pulsa aquí), Arvo Pärt (pulsa aquí), Kodaly Zoltan (pulsa aquí; también fue interpretado en nuestra parroquia).

Situación de la parroquia y contacto


Link de Facebook de la Parroquia (no es necesario estar registrado). Pulsa aquí.


Link de Facebook de D. Eduardo Aranda (sólo para usuarios registrados). Pulsa aquí.

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El Blog de D. Alfonso García Nuño. Pulsa en el dibujo:

 

Misa del V Domingo de Cuaresma

Meditación del Papa Francisco – Vigilia de oración 27 de marzo

(Esta sección gasta muy pocos datos)

Esta oración del Papa Francisco en una plaza del Vaticano lluviosa y nostálgicamente vacía (pero espiritualmente abarrotada) y la bendición Urbi et Orbe con el Santísimo, único caso conocido (la suele impartir el Papa desde el balcón), quedará en nuestras retinas para toda la vida. Un acto de fe en el Redentor, en la comunión de los santos y en el poder de la oración. Ofrecemos a continuación las palabras del Papa sobre el evangelio: serán una fuente de meditación para estos días.

Del Evangelio según san Mateo (4,35-41)
Aquel día, al atardecer, les dice Jesús: «Vamos a la otra orilla». Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó una fuerte tempestad y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. El estaba en la popa, dormido sobre un cabezal. Lo despertaron, diciéndole: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?». Se puso en pie, increpó al viento y dijo al mar: «¡Silencio, enmudece!». El viento cesó y vino una gran calma. El les dijo: «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». Se llenaron de miedo y se decían unos a otros: «¿Pero quién es este? ¡Hasta el viento y el mar lo obedecen!».

Meditación del Papa Francisco

«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». Señor, esta tarde tu Palabra nos interpela y se dirige a todos. En nuestro mundo, que Tú amas más que nosotros, hemos avanzado rápidamente, sintiéndonos fuertes y capaces de todo. Codiciosos de ganancias, nos hemos dejado absorber por lo material y trastornar por la prisa.

No nos hemos detenido ante tus llamadas, no nos hemos despertado ante guerras e injusticias del mundo, no hemos escuchado el grito de los pobres y de nuestro planeta gravemente enfermo. Hemos continuado imperturbables, pensando en mantenernos siempre sanos en un mundo enfermo.

Ahora, mientras estamos en mares agitados, te suplicamos: “Despierta, Señor”. «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». Señor, nos diriges una llamada, una llamada a la fe. Que no es tanto creer que Tú existes, sino ir hacia ti y confiar en ti. En esta Cuaresma resuena tu llamada urgente: “Convertíos”, «volved a mí de todo corazón» (Jl 2,12).

Nos llamas a tomar este tiempo de prueba como un momento de elección. No es el momento de tu juicio, sino de nuestro juicio: el tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es. Es el tiempo de restablecer el rumbo de la vida hacia ti, Señor, y hacia los demás.

Y podemos mirar a tantos compañeros de viaje que son ejemplares, pues, ante el miedo, han reaccionado dando la propia vida. Es la fuerza operante del Espíritu derramada y plasmada en valientes y generosas entregas. Es la vida del Espíritu capaz de rescatar, valorar y mostrar cómo nuestras vidas están tejidas y sostenidas por personas comunes —corrientemente olvidadas— que no aparecen en portadas de diarios y de revistas, ni en las grandes pasarelas del último show pero, sin lugar a dudas, están escribiendo hoy los acontecimientos decisivos de nuestra historia: médicos, enfermeros y enfermeras, encargados de reponer los productos en los supermercados, limpiadoras, cuidadoras, transportistas, fuerzas de seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas y tantos pero tantos otros que comprendieron que nadie se salva solo.

Frente al sufrimiento, donde se mide el verdadero desarrollo de nuestros pueblos, descubrimos y experimentamos la oración sacerdotal de Jesús: «Que todos sean uno» (Jn 17,21). Cuánta gente cada día demuestra paciencia e infunde esperanza, cuidándose de no sembrar pánico sino corresponsabilidad. Cuántos padres, madres, abuelos y abuelas, docentes muestran a nuestros niños, con gestos pequeños y cotidianos, cómo enfrentar y transitar una crisis readaptando rutinas, levantando miradas e impulsando la oración. Cuántas personas rezan, ofrecen e interceden por el bien de todos. La oración y el servicio silencioso son nuestras armas vencedoras.

«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». El comienzo de la fe es saber que necesitamos la salvación. No somos autosuficientes; solos nos hundimos. Necesitamos al Señor como los antiguos marineros las estrellas. Invitemos a Jesús a la barca de nuestra vida. Entreguémosle nuestros temores, para que los venza.

Al igual que los discípulos, experimentaremos que, con Él a bordo, no se naufraga. Porque esta es la fuerza de Dios: convertir en algo bueno todo lo que nos sucede, incluso lo malo. Él trae serenidad en nuestras tormentas, porque con Dios la vida nunca muere. El Señor nos interpela y, en medio de nuestra tormenta, nos invita a despertar y a activar esa solidaridad y esperanza capaz de dar solidez, contención y sentido a estas horas donde todo parece naufragar.

El Señor se despierta para despertar y avivar nuestra fe pascual. Tenemos un ancla: en su Cruz hemos sido salvados. Tenemos un timón: en su Cruz hemos sido rescatados. Tenemos una esperanza: en su Cruz hemos sido sanados y abrazados para que nadie ni

nada nos separe de su amor redentor. En medio del aislamiento donde estamos sufriendo la falta de los afectos y de los encuentros, experimentando la carencia de tantas cosas, escuchemos una vez más el anuncio que nos salva: ha resucitado y vive a nuestro lado.

El Señor nos interpela desde su Cruz a reencontrar la vida que nos espera, a mirar a aquellos que nos reclaman, a potenciar, reconocer e incentivar la gracia que nos habita. No apaguemos la llama humeante (cf. Is 42,3), que nunca enferma, y dejemos que reavive la esperanza.

Abrazar su Cruz es animarse a abrazar todas las contrariedades del tiempo presente, abandonando por un instante nuestro afán de omnipotencia y posesión para darle espacio a la creatividad que sólo el Espíritu es capaz de suscitar. Es animarse a motivar espacios donde todos puedan sentirse convocados y permitir nuevas formas de hospitalidad, de fraternidad y de solidaridad.

En su Cruz hemos sido salvados para hospedar la esperanza y dejar que sea ella quien fortalezca y sostenga todas las medidas y caminos posibles que nos ayuden a cuidarnos y a cuidar. Abrazar al Señor para abrazar la esperanza. Esta es la fuerza de la fe, que libera del miedo y da esperanza.

«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». Queridos hermanos y hermanas: Desde este lugar, que narra la fe pétrea de Pedro, esta tarde me gustaría confiarlos a todos al Señor, a través de la intercesión de la Virgen, salud de su pueblo, estrella del mar tempestuoso. Desde esta columnata que abraza a Roma y al mundo, descienda sobre vosotros, como un abrazo consolador, la bendición de Dios.

Señor, bendice al mundo, da salud a los cuerpos y consuela los corazones. Nos pides que no sintamos temor. Pero nuestra fe es débil Señor y tenemos miedo. Mas tú, Señor, no nos abandones a merced de la tormenta. Repites de nuevo: «No tengáis miedo» (Mt 28,5). Y nosotros, junto con Pedro, “descargamos en ti todo nuestro agobio, porque sabemos que Tú nos cuidas” (cf. 1 P 5,7).

Si quieres ver el vídeo completo de una hora, pulsa aquí (Vídeo, muchos datos)

Grupos de WhatsApp (sólo para administrador) para estar en contacto

https://chat.whatsapp.com/HcZVvINbXFT85StAcFgazH

 

Aplicación de la Comunidad de Madrid

Para entrar, pulsa aquí.

Ya está disponible la App en la AppStore (Apple) y Android.

 

Bendición al Clínico y a la Jiménez Díaz

Desde la torre se ven los dos hospitales más grandes de la zona: el Clínico y la Jiménez Díaz. El Señor bendice a estos y a todos los centros sanitarios y dispositivos de emergencia de Madrid y del mundo entero: bendición a los enfermos de coronavirus y del resto de patologías. Bendice a los sanitarios y a todos los que hacen que funcionen; a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y el ejército. El Señor os bendiga, os fortalezca en vuestro trabajo, os proteja y os conceda la paz.