Oraciones en tiempo de pandemia

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ORACIÓN DEL PAPA FRANCISCO A LA VIRGEN

Oh María, Tú resplandeces siempre en nuestro camino como signo de salvación y esperanza. Nos encomendamos a Ti, salud de los enfermos, que ante la cruz fuiste asociada al dolor de Jesús manteniendo firme tu fe. Tú, Madre de todos los hombres, sabes lo que necesitamos, y estamos seguros de que proveerás para que, como en Caná de Galilea, pueda regresar la alegría y la fiesta después de este momento de prueba. Ayúdanos, Madre del Divino Amor, a conformarnos a la voluntad del Padre y a hacer lo que nos diga Jesús, que ha cargado sobre él nuestros sufrimientos y ha tomado nuestros dolores para llevarnos, a través de la cruz, al gozo de la resurrección. Amén. 
Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios; no desoigas la oración de tus hijos necesitados; líbranos de todo peligro, ¡oh siempre Virgen, gloriosa y bendita!

ANTE UN INESPERADO AYUNO EUCARÍSTICO.
(Paolo Curtaz – Italia)

En estos momentos, Maestro, no celebramos públicamente la Cena en nuestras comunidades, la Eucaristía que nutre nuestro camino; y ¡no sabemos hasta cuándo…! Estamos desorientados y confusos, atónitos y perplejos. Pero, responsablemente, nos atenemos a cuanto se nos pide para frenar el contagio y salvar a los débiles, como tú nos enseñaste. Que este ayuno, el más duro de los ayunos, nos convierta en lo más profundo, nos ayude a recobrar la fe de los mártires, el ardor de los enamorados, nos una a las comunidades perseguidas, a cuantos no pueden celebrar por falta de sacerdotes, nos abra la mente y el corazón para comprender qué don tenemos en las manos, qué fuente inagotable custodiamos demasiado a menudo con culpable superficialidad. Que este tiempo de ayuno sea deseo, llama que se reavive, espera de la Pascua. Gracias, Señor, por este inesperado y exigente signo. ¡Fortalécenos!¡Ayúdanos!

YO ME QUEDO EN CASA, SEÑOR
(Mons. Giuseppe Giudice, Obispo de Nocera Inferiore – Italia)

¡Yo me quedo en casa, Señor! Y caigo en la cuenta de que, también esto, me lo enseñaste Tú viviendo, obediente al Padre, durante treinta años en la casa de Nazaret, esperando la gran misión.

¡Yo me quedo en casa, Señor! Y en la carpintería de José, tu custodio y el mío, aprendo a trabajar, a obedecer, para lijar las asperezas de mi vida y preparar una obra de arte para Ti.

¡Yo me quedo en casa, Señor! Y sé que no estoy solo porque María, como cada madre, está ahí detrás haciendo las tareas de casa y preparando la comida para nosotros, la familia de Dios.

¡Yo me quedo en casa, Señor! Y responsablemente lo hago por mi bien, por la salud de nuestra ciudad, de mis seres queridos y por el bien de mi hermano, el que Tú has puesto a mi lado pidiéndome que vele por él en el jardín de la vida.

¡Yo me quedo en casa, Señor! Y, en el silencio de Nazaret, trato de orar, de leer, de estudiar, de meditar, y ser útil con pequeños trabajos para hacer más bella y acogedora nuestra casa.

¡Yo me quedo en casa, Señor! Y por la mañana te doy gracias por el nuevo día que me concedes, tratando de no estropearlo, de acogerlo con asombro como un regalo y una sorpresa de Pascua.

¡Yo me quedo en casa, Señor! Y, a mediodía, recibiré de nuevo el saludo del Ángel, me haré siervo por amor, en comunión contigo, que te hiciste carne para habitar en medio de nosotros; y, cansado por el viaje, te encontraré sediento junto al pozo de Jacob, y ávido de amor sobre la Cruz.

¡Yo me quedo en casa, Señor! Y si al atardecer me atenaza un poco de melancolía, te invocaré como los discípulos de Emaús: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída».

¡Yo me quedo en casa, Señor! Y en la noche, en comunión orante con tantos enfermos y personas solas, esperaré la aurora para volver a cantar tu misericordia y decir a todos que, en las tempestades, Tú eres mi refugio.

¡Yo me quedo en casa, Señor! Y no me siento solo y abandonado, porque Tú dijiste: «Yo estoy con vosotros todos los días». Sí, y sobre todo en estos días de desamparo, Señor, en los que, si mi presencia no se hace necesaria, alcanzaré a todos con las únicas alas de la plegaria. Amén.

 

CONSAGRACIÓN AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS Y AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA (Fátima)

Corazón de Jesucristo, médico de las almas, Hijo amado y rostro de la misericordia del Padre, la Iglesia que peregrina sobre la tierra en Portugal y España -naciones que son Tuyas- mira hacia tu costado abierto, que es su fuente de salvación, y te suplica: En esta singular hora de sufrimiento, asiste a Tu Iglesia, inspira a los gobernantes de las naciones, escucha a los pobres y a los afligidos, enaltece a los humildes y a los oprimidos, sana a los enfermos y a los pecadores, levanta a los abatidos y a los desanimados, libera a los cautivos y prisioneros y líbranos de la pandemia que nos afecta.

Corazón de Jesucristo, médico de las almas, elevado en lo alto de la Cruz y palpado por los dedos del discípulo en la intimidad del cenáculo, la Iglesia que peregrina sobre la tierra en Portugal y España -naciones que son Tuyas- te contempla como imagen del abrazo del Padre a la humanidad, ese abrazo que, en el Espíritu del Amor, queremos darnos unos a otros según tu mandato en el lavatorio de los pies, y te suplica: En esta singular hora de sufrimiento, ampara a los niños, a los ancianos y a los más vulnerables, conforta a los médicos, a los enfermeros, a los profesionales de la salud y a los voluntarios cuidadores, fortalece a las familias y refuérzanos en la ciudadanía y en la solidaridad, sé la luz de los moribundos, acoge en Tu reino a los difuntos, aleja de nosotros todo mal y líbranos de la pandemia que nos afecta.

Corazón de Jesucristo, médico de las almas e Hijo de Santa María Virgen, por medio del Corazón de tu Madre, a quien se entrega la Iglesia que peregrina sobre la tierra en Portugal y España -naciones que desde hace siglos son suyas- y en tanto otros países, acepta la consagración de Tu Iglesia. Al consagrarse a tu Sagrado Corazón, la Iglesia se entrega a la protección del Corazón Inmaculado de María, configurado por la luz de tu pascua y aquí revelado a tres niños como refugio y camino que conduce a tu Corazón. Sea Santa María Virgen, Nuestra Señora del Rosario de Fátima, la Salud de los Enfermos y el Refugio de tus discípulos nacidos junto a la Cruz de tu amor. Sea el Inmaculado Corazón de María, a quien nos entregamos, quien diga con nosotros: en esta singular hora de sufrimiento, acoge a los que perecen, da aliento a los que a Ti se consagran y renueva el universo y la humanidad. Amén.

SÚPLICA LITÁNICA (de la Vigilia de Oración del Papa el 27 de marzo)

Te adoramos, Oh Señor
Verdadero Dios y verdadero hombre, realmente presente en este Santo Sacramento – Te adoramos, oh Señor.
Nuestro Salvador, Dios con Nosotros, fiel y rico en Misericordia – Te adoramos, oh Señor.
Rey y Señor de la Creación y de la Historia – Te adoramos, oh Señor.
Vencedor del Pecado y de la muerte – Te adoramos, oh Señor.
Amigo del hombre, Resucitado y vivo a la derecha del Padre – Te adoramos, oh Señor.

Creemos en Ti, Oh Señor
Hijo Unigénito del Padre, descendido del Cielo para nuestra Salvación -Creemos en Ti, oh Señor
Medico Celeste, que te inclinas sobre nuestra miseria -Creemos en Ti, oh Señor
Cordero Inmolado, que te ofreces para rescatarnos del mal -Creemos en Ti, oh Señor
Buen Pastor, que das la vida por el rebaño que amas -Creemos en Ti, oh Señor
Pan Vivo y Medicina de la Inmortalidad, que nos das la Vida Eterna -Creemos en Ti,oh Señor.

Libéranos, oh Señor
Del poder de Satanás y de la Seducción del mundo – Libéranos, oh Señor
Del Orgullo y de la presunción del poder prescindir de Ti – Libéranos, oh Señor
De los engaños del miedo y de la angustia – Libéranos, oh Señor
De la Incredulidad y de la Desesperación – Libéranos, oh Señor
De la dureza del corazón y de la incapacidad de amar – Libéranos, oh Señor

Sálvanos, oh Señor
De todos los males que afligen a la humanidad -Sálvanos, oh Señor
Del hambre, de la carestía y del egoísmo -Sálvanos, oh Señor
De la enfermedad, de la epidemia y del miedo al hermano -Sálvanos, oh Señor
De locura devastadora, de intereses despiadados y de la violencia -Sálvanos, oh Señor
Del engaño, de la mala información y de la manipulación de las conciencias. -Sálvanos, oh Señor

Consuélanos, oh Señor
Mira a tu Iglesia, que atraviesa el desierto – Consuélanos, oh Señor
Mira a la humanidad, aterrorizada por el miedo y la angustia – Consuélanos, oh Señor
Mira a los enfermos y moribundos, oprimidos por la soledad -Consuélanos, oh Señor
Mira a los médicos y a los operarios sanitarios, afectados por la fatiga – Consuélanos, oh Señor
Mira a los políticos y administradores, que tienen el peso de las decisiones – Consuélanos, oh Señor

Danos tu Espíritu Señor
En la hora de la prueba y la pérdida – Danos tu Espíritu Señor
En la Tentación y en la Fragilidad- Danos tu Espíritu Señor
En el combate contra el malo y el pecado – Danos tu Espíritu Señor
En la búsqueda del verdadero bien y la verdadera alegría – Danos tu Espíritu Señor
En la decisión de permanecer en ti y en tu amistad – Danos tu Espíritu Señor

Ábrenos a la Esperanza
Si el pecado nos oprime -Ábrenos a la Esperanza
Si el odio cierra nuestros corazones -Ábrenos a la Esperanza
Si el dolor nos visita -Ábrenos a la Esperanza
Si la indiferencia nos angustia -Ábrenos a la Esperanza
Si la muerte nos aniquila -Ábrenos a la Esperanza

 

LETANÍAS DE PETICIÓN E INTERCESIÓN
(Alfredo Jiménez)

¡Ayúdame Señor! (Se repite tras cada letanía)

  • A vivir estos días como una oportunidad de acrecentar mi sed de Ti.
  • A darte gracias por el don infinito de la eucaristía, que estos días no podré recibir.
  • A crecer en vida interior, fomentando estos días un silencio profundo para escucharte más atentamente.
  • A darte gracias constantemente por todos tus dones.
  • A ofrecerte estos días de sacrificio como penitencia cuaresmal por mis pecados y los del mundo entero.
  • A pedirte perdón, especialmente cuando me falte alegría, paciencia, humildad y templanza.
  • A comprender que el sacrificio purifica mi vida y robustece mi corazón para las pruebas de la vida y la entrega generosa.
  • A pensar mucho en los demás y entregar cada día mi vida con alegría.
  • A sentirme siempre en tus manos, Dador de vida.
  • A darte gloria, Dios Padre todopoderoso.
  • A imitarte en tu pasión, Dios Hijo Unigénito.
  • A gozar inefablemente de Ti, Dios Espíritu Santo Consolador.
  • A experimentar la protección y compañía de la Virgen, de San José y de los santos.
  • Si me olvido de Ti, Tú no te olvides de mi.

¡Ayúdales, Señor!

  • Al Papa, tu Vicario en la tierra, para que le confortes con tu gracia, no le falte el afecto de su grey y guíe al pueblo siempre hacia Ti.
  • A nuestro obispo Carlos, y a todos los obispos, sacerdotes, consagrados y consagradas, misioneros y agentes de pastoral, que gocen de tu paz para que la transmitan a tu pueblo en estos momentos de dificultad.
  • A los trabajadores de los Centros y Servicios Sanitarios del mundo entero, que estos días, arriesgando su vida, entregan su vida y conocimientos en favor de la sociedad entera.
  • A las autoridades civiles, para que estos días busquen siempre el bien común tomando las medidas acertadas en esta situación.
  • A los científicos, para que guíes su mano y encuentren el remedio.
  • A los Equipos de Emergencia, los de Protección Civil y por las Fuerzas de Seguridad del Estado, que velan por la seguridad de los ciudadanos.
  • A quienes trabajan en las infraestructuras, transporte, alimentación y los servicios básicos.
  • A los equipos de pastoral de la salud y a los voluntarios.
  • A quienes están enfermos y han visto afectada su atención por la prioridad de atajar la pandemia.
  • A quienes están en el último trance, concédeles su arrepentimiento para recibir tu perdón.
  • A quienes han fallecido, concédeles tu misericordia y el descanso eterno.
  • A las familias que no han podido acompañar a sus difuntos.

¡Ayúdanos, Señor!

  • A quienes estamos confinados.
  • A quienes estemos contagiados y a nuestras familias.
  • A quienes estemos en cuarentena.
  • A quienes somos persona en riesgo: niños, mayores y enfermos crónicos.
  • A quienes experimentemos miedo o una soledad interior que nos arranca la esperanza.
  • A no bajar los brazos, especialmente cuando estemos cansados.
  • A vivir siempre del Reino de Dios y su justicia.
  • A vivir no sólo de pan, sino de toda palabra que sale de Tu boca.
  • A no dudar de Ti, a no tentarte, Señor.
  • A adorarte como mereces, darte gloria y reconocer tu grandeza.
  • A perseverar en la travesía de este particular desierto hacia la tierra prometida.
  • A confiar en tu Providencia, que guía nuestros pasos en medio de la dificultad.
  • A encontrar refugio en la presencia amorosa de tu Madre, nuestra Madre, la Virgen María.
  • A vivir la comunión de los santos, en quien experimentamos que nunca estamos solos.